Mis pensamientos condicionan mi vida

Existen muchas ideas socialmente compartidas que son falsas y generan dolor en las personas. El motivo es simple, el objetivo de las sociedades es asegurar la supervivencia de la especie humana por encima de la felicidad de los individuos concretos que la componen. Es decir, se antepone el funcionamiento colectivo a la felicidad personal. Por este motivo se transmiten ideas que, aunque falsas y contraproducentes para las personas individuales, son válvulas de seguridad para la sociedad: aunque hacen sufrir, permiten que el colectivo funcione..

Cuando estas ideas se ponen en duda, chocamos con toda la inercia del comportamiento colectivo compartido, con lo que se ha enseñado en la escuela y en la familia. Pero que algo contradiga lo habitual, no quiere decir que sean falsas. Es más, cuando algo contradice lo que nos hace sufrir quizás debamos escucharlo por si nos libera del sufrimiento.

Acoged las ideas propuestas con escepticismo. No las aceptéis sin comprobarlas. Meditad sobre ellas y sobre sus implicaciones. Las ideas son inútiles si no las hemos hecho nuestras. Ya pasaron los tiempos en los que se exigía la fe ciega del carbonero.

Mucha gente que conocemos tiene una “carpeta de ideas sublimes” que nunca usa, porque solamente cree en ellas cuando hace tertulias de café, mientras su vida real se rige por ideas totalmente diferentes. No caigamos en la trampa de pensar que creemos en algo que no integramos en nuestra vida. Creer en algo, significa vivirlo y que transforme nuestra realidad. Si decimos creer en algo que no tiene consecuencias reales en nuestra vida, eso significa que simplemente lo tenemos en nuestra “carpeta de ideas fantásticas”, pero que en la vida diaria nos movilizamos por otras ideas. Por eso insisto: acoged las ideas que propuestas con escepticismo. Meditad sobre ellas y sus consecuencias. Comprobadlas. Si, finalmente, las hacéis vuestras transformarán lo que vivís.

No estamos diciendo que nuestros pensamientos creen la realidad (será un tema que abordaremos más adelante, pero que tiene que ser matizado y muy argumentado para no caer en un infantilismo mágico totalmente inútil). Estamos diciendo que lo que piensamos tiene consecuencias claras y directas en nuestra realidad. Estamos afirmando que pensar una cosa u otra implica cambios en nuestra vida. Por lo tanto, estamos afirmando que cualquier cosa que realmente pensemos influirá, marcará la forma como vivimos la realidad

Si creo que el arroz multiplicará su precio por mil dentro de cinco días, eso influirá en mi vida: posiblemente me plantearé comprar una buena provisión de arroz de inmediato. Si creo que el metro, el autobús y el tren están de huelga, planificaré mis viajes de una forma diferente. Si creo que una vecina mía quiere asesinarme, cambiaré mi conducta avisando a la policía y extremando las precauciones cuando salgo o entro de casa.

Es decir, lo que pensamos marca lo que vivimos. Esto contradice la creencia social que son las emociones lo que tiñe nuestra vida, que son las emociones lo que nos hace vivir la realidad de una forma o de otra. En realidad, las emociones nacen a partir de lo que pensamos. Si mi pensamiento cambia, mis emociones cambian. Las emociones son, por lo tanto, consecuencias de los pensamientos puesto que nacen de ellos. El origen de las emociones está en lo que pensamos.

Por lo tanto, ante el sufrimiento psicológico, dejemos de centrar nuestra atención únicamente en las emociones. Busquemos el origen del sufrimiento en los pensamientos que las originan. Ante cada situación de dolor, felicidad, tristeza, alegría… preguntémonos: ¿Qué pensamiento está generando esta emoción? ¿Qué es lo que creo profundamente que hace surgir lo que estoy sintiendo?

Repito, no son las emociones lo que marca nuestra vida -como socialmente se cree-, sino lo que pensamos. Para vivir en una paz inalterable, el primer paso está en pasar de las emociones a la comprensión, de las emociones al pensamiento que las produce. Evitemos quedarnos en las emociones o nunca podremos transcenderlas.

Ejercicio

Para conseguir una mente en paz y habitada únicamente pensamientos de luz, os propongo un primer ejercicio relativamente sencillo: tirar del hilo de las emociones que nos hacen sufrir hasta descubrir el pensamiento erróneo que lo provoca para, a continuación, mirarlo con atención y sustituirlo por otro verídico.

Cuando sintamos tristeza, preocupación, ira, impotencia… debemos dejar de prestar atención a la emoción por más que nos altere y buscar la idea que produce la emoción. Démonos cuenta de la idea que está haciéndonos sufrir. Démonos cuenta que es la idea lo que nos genera la emoción y, por lo tanto, el dolor.

A menudo veremos que la idea que genera el dolor es falsa y absurda, entonces el sufrimiento que se ha generado desaparecerá sin esfuerzo. Otras veces, creeremos que es lógica y que tenemos razón. Aunque hallamos descubierto el origen del sufrimiento, nos tocará abordarlo de otra forma. Seguramente futuros artículos nos descubrirán errores socialmente compartidos que generan dolor y son erróneos. Los iremos abordando en esta sección para que podamos dejarlos caer.

Lo repito: no creáis en lo que digo por el mero hecho de leerlo. Leedlo con escepticismo. Meditadlo. Si acabáis aceptando que las emociones nacen de la interpretación, es decir, de las ideas a través de las cuales las narramos, eso transformará vuestra relación con lo que vivís y sentís.

¡Seguid investigando! La verdad, nos hará libres.