Puedes tener buenas herramientas, comprender muchas cosas e incluso poner mucho esfuerzo en cambiar.
Y, aun así, avanzar poco.
Porque en el trabajo interior no solo importa qué haces.
También importa cuándo lo haces y sobre qué base lo haces.
Piensa en una casa. No empiezas colocando las ventanas. Primero necesitas unos buenos cimientos. Después levantas la estructura. Y solo entonces puedes seguir construyendo sobre algo que se sostiene.
Con el trabajo interior ocurre algo parecido.
Hay comprensiones y capacidades que necesitas desarrollar antes de poder abordar con profundidad las siguientes.
Actuar para cambiar algo de ti tiene poco sentido si antes no has aprendido a observarte. Y entrar en determinados aspectos del pasado tampoco sirve de mucho si todavía no tienes recursos suficientes para comprenderlos, sostenerlos e integrarlos.
Incluso la espiritualidad puede convertirse en una forma de huida si intentamos empezar por ella antes de haber hecho el trabajo psicológico que nos corresponde.
No significa que haya herramientas buenas y herramientas malas. Significa que no todas son adecuadas para ti en el mismo momento.
Por eso, a veces, el problema no es que no hayas trabajado suficientemente en ti.
Es que nadie te ha mostrado el mapa completo y el orden en el que recorrerlo.