Herramientas para aprender a amar: III

La herramienta número 3 se basa en respetar las ideas, las costumbres y las creencias de los demás. Esta herramienta me invita a respetar las decisiones ajenas, renunciando a criticarlas, a condenarlas, o a castigarlas. Pero también renunciando a salvarlas.

Me refiero a que yo no te voy a salvar de tus consecuencias. Porque cuando tú vayas mordiendo por ahí, la gente te morderá, y yo no te salvaré: esa será mi mayor muestra de amor. Cuando tú veas que tus acciones tienen consecuencias, podrás aprender y te darás cuenta de que detrás de tus mordiscos, quien es mordido eres tú.

Por lo tanto, esta es una herramienta que me parece fundamental. Como yo no puedo decidir lo que tú vas a hacer, decido respetar tu libertad. ¡Es que no tengo otra opción! En todo caso, te daré información si me la pides (y solamente si me la pides). Pero cuando tus malas acciones conlleven sufrimiento para ti, dejaré que lo vivas como signo de amor para poder aprender. Es cierto que a veces yo no puedo evitar lo que tú haces. Somos adultos, y yo no puedo ni quiero evitar lo que tú hagas. Si podemos ser amigos, lo seremos, si necesitas distancia, te daré distancia. Pero no voy a forzarte.

Porque te amo, no te salvo

Es fantástico, por ejemplo, cuando vemos a los niños que insisten en decir “¡No quiero, no quiero, y no lo voy a hacer!”. Y luego tienen problemas con sus amiguitos, o suspenden, o pierden lo que les gustaba porque no lo guardaron en su sitio, y tú con ternura te niegas a salvarlos… Ellos lloran, pero aprenden. Y descubren que guardar los juguetes en la caja es tan importante. Que no maltratar al amiguito, o hacer los deberes es tan importante… ¡Respetarles su actitud y no salvarles es un signo de amor! Porque si yo le salvo, le impido aprender, y colaboro a que se convierta en una persona incapaz. Y eso es una falta de amor llamada maltrato.

Un ejercicio para comprobar esta herramienta

Para verificar esto, lo que puedes hacer es muy sencillo: elige a una persona a la que ames y en lugar de respetar sus ideas, sus costumbres o sus creencias, oblígala a que siga las tuyas. Verás como fastidias la relación. O si lo deseas, critícala o júzgala cuando no estés de acuerdo con ella. Y verás como, nuevamente, se fastidia la relación.

Ahora, en cambio, deja que esta persona compruebe si lo que ha hecho es bueno o es malo… ¡Que gran libertad! ¡Eso para la educación es la bomba!

A veces, por ejemplo, a nuestros hijos adolescentes les repetimos las cosas cuarenta veces. ¿Sabes por qué lo hacemos? ¿Por qué le decimos hasta el cansancio que pongan la ropa en la lavadora? Porque los salvamos. Porque cogemos su ropa y la ponemos nosotros en la lavadora. No. Sólo hace falta decirlo una única vez y luego, cuando tú pongas la lavadora y no esté su ropa, lo que él o ella tendrá a su disposición es ropa sucia. ¡Y puede escoger de entre su ropa sucia, la que más le guste para volver a ponérsela! Y dentro de cinco días volveremos a poner la lavadora y él habrá sabido –espero- poner la ropa dentro. Y si no es así, será la tercera semana en que llevará la ropa sucia, hasta que en algún momento será autónomo.

Lo que me enseña esta herramienta es: “yo no te criticaré, pero tampoco te salvaré”. Lo que ocurre es que los papás y las mamás cogemos la ropa sucia del niño y, mientras la ponemos en la lavadora, le reclamamos: “cuantas veces te he dicho…” Y así estropeamos la relación, hacemos incapaz a nuestro hijo/a y, de alguna manera, lo maltratamos.

Si me muerdes, aquí te quedas

Existe otro aspecto importante, y está relacionado con la dependencia afectiva: no me gusta como me tratas, no me gusta que seas agresivo conmigo, te critico, te juzgo… Pero sigo contigo. ¿Y por qué ocurre esto?

Porque no puedo sostener el hecho de que hay momentos en la relación en que debo separarme, en que debo dejar una distancia, y eso es algo que conlleva el amor. Tú me muerdes porque eres un cocodrilo. Pero, ¿dónde viven los cocodrilos? ¿Con las personas humanas? No. Ergo, te dejaré en la selva que es donde debes estar. Lo contrario a esto es la dependencia afectiva: como yo no puedo soportar mi soledad prefiero tus mordiscos, que es lo único que me recuerda que estoy acompañado. Y eso es falta de amor. Es no aplicar estas herramientas. Es salvarte. Si más tarde me pides perdón y me das un ramo de flores diré: “Claro que sí, te perdono”. Pues no, ni tengo nada que perdonarte, respeto tus decisiones… ¡pero no estoy dispuesto a vivir con gente que me muerde!

Esta es una herramienta clave

Sería erróneo pensar que de entre las siete herramientas del amor que estamos difundiendo una es más importante que otra. Sería tan erróneo como afirmar que un martillo es mejor que una llave inglesa en una caja de herramientas de bricolaje: cada una cumple su función. Ni mejor, ni peor: funciones distintas e imprescindibles.

Pienso que respetar la libertad del otro y no salvarlo es básico para todos/as nosotros/as. No lo sé. Solamente hago una hipótesis. Lo afirmo porque en mi experiencia he visto como muchas de las personas interesadas en el trabajo interior quieren salvar a los demás, casi compulsivamente, tras haber experimentado un cambio importante en sus vidas al iniciarse en el autoconocimiento.

Muchos de nosotros y nosotras tendemos a querer salvar a los demás aunque ellos no nos hayan pedido ayuda… ¡y eso es falta de amor! ¡eso es interferir en la vida de los demás. Vamos por la vida ayudando a todo el mundo y queriendo salvar a los demás… ¡Grave error! Por eso remarco que esta herramienta puede ser muy útil y propongo algo muy concreto: aplica la herramienta a rajatabla, niégate a dar consejos, ni a ayudar a quien no te lo pida de forma explícita. Será una forma clara de amor: respetar la libertad de la otra persona a descubrir la verdad por ella misma a partir de sus propios resultados…