Islam y la lucha contra el infiel: lecciones de amor

En este mismo instante, muchos países se encuentran atravesados por el odio de la islamofobia. Los atentados en nombre del islam nos pueden confundir y hacernos creer que el Islam es una religión de odio. Pero el Islam tiene lecciones importantes a darnos. Entre ellas, la de la lucha contra el infiel: la yihad. ¿Podemos acogerla amorosamente en nuestro interior?

LA VERDADERA LUCHA CONTRA EL INFIEL

En la lectura del Corán, se insta a las personas creyentes a luchar contra los infieles en repetidas ocasiones. Se trata de una obligación religiosa para los musulmanes. Pero, ¿quiénes son realmente los infieles? Los infieles no son los demás, ni aquellos/as que libremente han decidido no abrazar el islam.

Esa sería una interpretación errónea. El islam no busca la agresión como forma de relación. ¿Entonces, a qué lucha se refiere?

Creo firmemente que la yihad hace referencia a lucha con uno mismo/a. El verdadero significado de la palabra yihad es, precisamente, la lucha contra el infiel que llevo a cabo conmigo, con aquellas partes de mí que siguen sin confiar en la vida.

Eso sucede porque en mi interior tengo áreas que siguen sin aprender a amar. Hay partes de mí que siguen ancladas en el odio, que continúan ligadas a la idea de que nada es más importante que lo que me afecta a mí personalmente y que me impiden ser amoroso con los demás. Y ese es un error inmenso. La lucha contra ese error es al que se refiere el Islam.

Pero no nos equivoquemos. La lucha contra nuestro enemigo interior no puede hacerse a través del odio. Como nos enseñan los sufís, místicos musulmanes que integran en sus vidas la profunda vivencia del Islam, debe hacerse abrazando tiernamente la Verdad. La clave es actuar desde la comprensión, el amor y la ternura. Pues desde ahí se vivencia que todos somos uno.

En la búsqueda sincera de la verdad a través del amor que produce, inevitablemente, la comprensión profunda, todas las religiones encuentran un punto de unión. Pero esa comprensión profunda solo es posible alcanzarla a través de la comprensión, mediante una aceptación total de todas nuestras realidades internas, especialmente las que nos llenan de miedo, de odio y de dolor. Eso significa abandonar la violencia y el maltrato también hacia nosotros: una verdadera e innegable Yihad. Toda una lección a aprender.

Debemos recordar que todo lo que veo fuera es, en realidad, una proyección de mi interior. Cuando en mi interior haya paz, entonces habré convertido al infiel. La Yihad habrá terminado. La Yihad habrá vencido.

EL VELO QUE LLEVO DENTRO

Cuando hablo de convertir al infiel que llevamos dentro, no hablo desde la teoría, sino desde mi propia experiencia.

En más de una ocasión, me he cazado a mí mismo mirando con superioridad a una mujer que lleva el hiyab, el velo que utilizan muchas mujeres musulmanas para cubrir su cabeza. El hecho de sentirme superior a ellas me recuerda que, en realidad, quién lleva el velo de la ignorancia soy yo.

Si consigo mirar con ternura en mi interior, entenderé que ese pensamiento, además de injusto, nace del miedo que me provoca lo diferente, lo desconocido. Olvido que el hiyab es utilizado como símbolo para decir “nadie manda en mí”, “no obedezco a nadie más que a la divinidad”. Este es el verdadero significado del velo musulmán en ciertos párrafos del Islam.

Solo recordando esto, dejo de ocupar un lugar violento que no debería haber ocupado nunca, del que debería renegar. He vencido en mi Yihad.

Así pues, cuando juzgo a las mujeres que llevan el hijab, a los sin techo que duermen en los cajeros automáticos, o a la gente que viste diferente a mí, me convierto en el infiel. Y es, precisamente, a ese infiel al que debo reconvertir. Debo echarlo de mí, del mismo modo que Jesús echó del templo a los mercaderes por desacralizar el templo: mi propia vida.

Recordémoslo, no se trata de una lucha externa sino interna. Una lucha donde el amor debe ser la única arma de acción. Quizás deberíamos abandonar la palabra lucha y empezar a referirnos a este proceso como el momento del abrazo, el momento del perdón y del amor.

SIN OLVIDAR LO IMPORTANTE

Si el hijab nos recuerda que nadie manda en mí y que solo obedezco a la divinidad, que no hay más dios que Alá, significa que no hay que olvidar nunca lo más importante. De hecho, el símbolo del velo tiene su traducción en el primer mandamiento de Jesús: “amarás a Dios por encima de todas las cosas”. Es decir, amarás por el simple hecho de amar, buscando siempre la verdad y situando el amor en el centro de tu vida.

Solamente así, dejando de dar más valor al resto que a la propia comprensión, estaremos retornando al origen. De algún modo, todas las religiones nos recuerdan que si queremos recuperar nuestra esencia debemos superar las creencias, deseos y apegos que nos impiden tener el amor en el centro de nuestra vida.

Desde este punto de vista, nada hay más importante que la Yihad. Nada hay más importante que la lucha contra el infiel, sabiendo que el infiel habita en mi interior. Sabiendo que todo lo que veo en el exterior solo es una proyección de aquello que todavía no he integrado. Por ello, debo bendecir la mujer con el hijab, ya que me recuerda que somos iguales; debo bendecir las noticias que aparecen continuamente en televisión, pues me indican que no debo odiar… Todo lo que ocurre a mi alrededor es una señal de aquellas áreas en las que todavía tengo que echar al infiel.